ESTUVE PRESO Y VINIERON A VERME

c_300_175_16777215_00_images_PRESOS_2.jpgEstar preso en el recinto penitenciario de San Juan de la Maguana, que tiene capacidad para 150 presos pero hoy alberga una población carcelaria de 900 internos, con el paisaje desolador de las cruces del cementerio municipal detrás, es la pesadilla de tocar fondo en una de las más duras realidades humanas.  

Motivados por ese cuadro de abandono, angustia, miedo, dolor y hacinamiento a duras penas contenidas tras las rejas, es que cada mes un grupo de la Pastoral Penitenciaria se hace acompañar de alguno de los movimientos de apostolado laico de la Diócesis de San Juan de la Maguana, poniendo en práctica un acto de misericordia visitando a los presidiarios de la cárcel pública. En el mes de mayo acompañó en este gesto humanitario la Pastoral Social de El Cercado, como en junio lo hiciera el movimiento Emaús. 

Este pasado martes 25 de julio, día de Santiago Apóstol, un equipo del Movimiento Familiar Cristiano (MFC) integrado por Juan Domingo Boció -quien además es capellán y diácono en la zona Centro-San Juan-, su esposa Delanoida Nami, Rolando Rodríguez y Fernando de la Rosa, escogieron esta fecha para la visita, dada su cercanía con el día de los padres, acompañando a sor Nieves Salas (Mercedaria de la Caridad-Asesora).   

¿Qué hizo el grupo visitante? ¡Cantar!, por ejemplo, entonaron: “Vienen con alegría, Señor, cantando vienen con alegría Señor, los que caminan por la vida Señor, sembrando tu paz y amor”. El simple acto de unir las voces en un canto así, de suscitar armonía con quienes están privados de libertad, anula las ataduras emocionales de la tristeza, obrando en ellos como un bálsamo que pacifica el alma. 

Combinando los cánticos con dinámicas de presentación personal, generaron una identificación que derritió los muros invisibles de la desconfianza, creando empatía en un ambiente de hermandad, en que los sentimientos de abatimiento de los confinados, casi siempre encadenados por eslabones de amarga desdicha trabados por ellos mismos cada minuto, día tras día dentro de sus adentros, descorrieron los cerrojos para recuperar el horizonte de las esperanzas perdidas. 

c_300_175_16777215_00_images_Celebracion_penitenciaria.jpgEl criterio de que “el preso no es gente” con este acto de caridad con calidad no encuentra cabida, porque en sus conciencias despiertan sentimientos positivos que les ha devuelto el convencimiento: “no soy un número en una ficha, no estoy solo y además puedo dar rienda suelta a mis sentimientos cantando junto a los otros en un clima de acogida, puedo reír y hasta puedo llorar en confianza, aunque esté aquí, porque soy una persona, merezco la dignidad de un hijo de Dios”. 

En ese contexto ha surgido un sentido de comunidad organizada creando el Consejo Penitenciario integrado por líderes en proceso de conversión dentro del recinto, que posibilita detectar en cada contacto humanitario las necesidades prioritarias que luego son cubiertas en próximas visitas y, en ese sentido, proveerles de sandalias, t-shires, frazadas o ropas de cama, colchones, kits de limpieza, artículos de uso personal, atenciones médicas, según el caso, siempre de común acuerdo con las autoridades del penal.    

El propósito fundamental de toda Pastoral Penitenciaria es acompañar en el proceso de que el recluso, cual sea la razón de su encierro, inocente o culpable, más allá del concepto de justicia de los hombres e incluso trascendiendo el primado de la conciencia de estar bajo régimen de apremio corporal, viva o reviva la experiencia del amor de Dios, sintiéndose privilegiado de su misericordia.  

Por ello es sorprendente la profundidad de oración y espíritu de respeto con que los internos celebran la Palabra. Cuando llega el equipo visitante de la Pastoral, ya los catequistas del Consejo Penitenciario Interno se ha encargado de propiciar debidamente el ambiente de reverencia litúrgica en el local de la Escuela de adultos Sor Mercedes, preparando por anticipado las moniciones,  distribuido las lecturas y preparado un altar. 

La primera lectura casi siempre es meditada y comentada por dos de los reclusos que han sido elegidos previamente para ello y la animación de la celebración es asumida por un coro dotado de sus instrumentos musicales. Toda esta obra de caridad solidaria se hace vida con cautela, sin prisas, sin proselitismo ni coacción. 

c_300_175_16777215_00_images_Penitenciaria.jpgPero no se trata de una conversión inorgánica, acaso para ganar un trato indulgente en la justicia y la mejor muestra es que, espontáneamente, los reclusos han entrado en el proceso de regeneración espiritual que otorgan los sacramentos.

Para poner un caso, el más reciente, en el pasado mes de junio unos 30 internos accedieron, por petición de ellos mismos, a recibir el sacramento de iniciación del bautismo, gracias a que 8 o 10 catequistas de la misma prisión se encargan de atender las necesidades espirituales de un bloque de 20 a 25 presos cada uno. El acompañamiento y el seguimiento de la comunidad de fe interna, le da consistencia al proceso de unos y otros. 

Esta iniciación en el camino de la fe sigue un ciclo de formación -incluye el sacramento de la reconciliación con la colaboración de sacerdotes en quienes confían los internos-, que los llevará a recibir la confirmación en el mes de septiembre, cuándo monseñor José Grullón celebre con ellos la fiesta de Nuestra Señora de Las Mercedes.  

En resumidas cuentas, con el simple gesto de “visitar, acompañar, escuchar, compartir, cantar, orar instruir, celebrar y comer juntos”, los presos de la cárcel pública encuentran al Dios-amor liberador, que ha escuchado sus plegarias, haciendo realidad en sus vidas ese ruego del Salmo 50:  

                                                    “Misericordia, Dios mío por tu bondad; por tu inmensa compasión borra toda mi culpa, lava del todo mi delito, limpia mi pecado”.

 

José Danilo.-