MISA DE BENDICIÓN DE LA SIEMBRA DE INVIERNO

c_300_175_16777215_00_images_Misa_de_Bendicion.jpgAunque el cielo presagiaba descargar, por tercera vez en la semana un torrencial aguacero, la pasada noche sabatina del 18 de los corrientes, desde el cielo tan solo cayó una llovizna ligera sobre la parroquia Espíritu Santo, en los minutos previos a la celebración de una misa de bendición de la siembra de invierno que inició el 5 de este mes de noviembre.

La eucaristía pidiendo por la lluvia oportuna, el sol a tiempo, una buena cosecha, mercado seguro y  precios justos, a iniciativa del párroco del lugar, el Reverendo Santo Cabral, contó con la presencia de hombres y mujeres que se dedican a producir la tierra, amén de profesionales ligados al sector agropecuario.

La parroquia Espíritu Santo está enclavada en la porción sur de la sabana de Santomé, en el sector de El Corbano, rodeada desde antaño por tierras de vocación agrícola y en el pasado era de algún modo habitual que las labores de siembra y cosecha se realizasen a partir de grandes convites en los que primaba una gran camaradería con expresiones de profunda piedad popular.

Sin embargo esa costumbre se ha ido perdiendo, fundamentalmente con los giros que da la modernidad, y de ahí la importancia de recuperar el sentido de agradecimiento por la fidelidad de Dios, que como el salmo responsorial del día,  invitaba a “recordar las maravillas que ha hecho el Señor”.

El agradecimiento religioso por la cosecha de la parroquia Espíritu Santo no fue un acto masivo, sino de “sembradores fieles”, que saben que la tarea de sembrar y cosechar no depende exclusivamente del esfuerzo humano, sino que están sujetos al obrar de Dios en la naturaleza, siguiendo el ejemplo del pueblo de Israel con sus grandes fiestas.

Al finalizar la misa de bendición por los frutos de la tierra, la ingeniera Ana Mateo y el diácono Rufino Montero, ambos agrónomos, a la vez que productores en el agro, dieron las gracias a nombre de los presentes, recordando que ya sea que se haya realizado la siembra o no, no debemos olvidarnos de dar gracias a Dios por los dones naturales que nos hacen vivir permitiendo llevar el alimento a las mesas de los hogares.            

Como el libro a los Corintios (9, 10) certeramente lo confirma: “Dios, que da la semilla que se siembra y el alimento que se come, les dará a ustedes todo lo necesario para su siembra, y la hará crecer, y hará que la generosidad de ustedes produzca una gran cosecha”.  

Nos hacemos eco de la misa de bendición, dando también gracias al Señor por la puntualidad de las lluvias, por el sol a tiempo, abundante cosecha, mercado conveniente y precios equitativos para todos.

Amén. 

 

José Danilo.-